miércoles, 16 de mayo de 2012


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jueves, 3 de mayo de 2012

El afecto como efecto de la ausencia


Remedios  Varo
Gasto improductivo. Exceso. Don. Pérdida relativa.
El vértigo es el deseo de caer. El efecto de una ausencia.
La tristeza es el deseo de vivir. El efecto de una ausencia.
¿El amor? El afecto como efecto de varias extraordinarias ausencias, porque nunca es una única. Y no hablamos de carencia, porque la carencia indica una necesidad. Hablamos de ausencia, algo más etéreo, aéreo, volátil y fugaz.
Una ausencia es como una huella en la arena que se desdibuja poco a poco con el agua de las olas. Regala afectos efímeros.
Por lo demás: la ausencia de caer y la ausencia de vivir, el vértigo y la tristeza, son los afectos como efectos de la ausencia del amor.
Y la ausencia es siempre un exceso. La ausencia es un regalo de afectos.
Eso que denominamos amor está en la frontera inexistente entre el deseo de caer y el deseo de vivir.
Un rastro de carmín, el espacio impoluto que queda tras retirar un libro de una estantería repleta de polvo o una gota de sangre en la acera. No sabemos de dónde viene ni cuánto durará.  Sólo que está ahí: efímero, desafiante. 
La llamada de un gasto innecesario que desafía a cualquier lógica economicista.
Un encuentro, nada más.