Ignorar a dosis de Prozac el malestar que
invade nuestro mundo. Levantar cada mañana un cuerpo-máquina que chirría por
una pretendida coherencia. Follar con un esqueleto. Librar una batalla con el
despertador en lugar de con tu jefe.
Eso no es alienación
es “confort público” vendido al mejor postor.
¡HIPÓCRITAS!
Inmóviles aún cuando se trata de vuestra
propia felicidad, el mundo que des-habitamos es emocionalmente
estúpido, culturalmente pobre y vitalmente destructor.
La adaptabilidad humana me deja perpleja cuando
la tasa de suicidios diaria pasa a
formar parte nuestra VIDA, y cuando admitimos que hasta en un zulo podemos ser felices.
Vida-zulo
Supervivencia aleccionada por el
consumo
Infantilidad política
Espacio público desocupado
Di(n)versión