sábado, 25 de mayo de 2013

Alone in Kyoto

Dejarse afectar en el desierto, eso es darle una tregua al cuerpo.
Que entre toda esta blanca nada, haya algo que, sin previa advertencia, sin una llamada ni un guiño, tenga la potencia de afectarme, y me haga llorar sin motivo aparente.
Es una mueca que trae presente el hastío inaudito, inadvertido hasta ese momento. Es un gesto brutal de desolación y muerte. Una llamada a la muerte. Una recuperación de mi incesante morir contra la inmunización de la infinidad.

Hay un malestar joven. Somos personas de cincuenta y cinco años que habitan un cuerpo terso y sin ranuras. Sólo en apariencia. Si tomáramos los cuerpos de la mayoría de nuestros amigos en su agrietada realidad,  la identificación se tornaría imposible.

Sólo nos unen esas fisuras que nos empujan a la deserción y, desposeyéndonos, nos presentan los colores de este mundo-neón mucho más intensos.



lunes, 8 de abril de 2013

lunes, 1 de abril de 2013





"   -   El capitalismo ha tenido como resultado un bienestar material, pero también una bancarrota espiritual.

Y prosiguió con una conferencia de salón sobre las necesidades humanas y los estragos causados por la competitividad y, pese a ser el único comunista que conocíamos, advertimos que sus ideas sólo diferían de las de los demás en grado. El corazón de las hermanas Lisbon había quedado contaminado por la podredumbre que existía en el corazón del país. Nuestros padres opinaban que esto tenía que ver con la música que escuchábamos, con nuestra falta de bondad o con la relajación moral en lo que al sexo se refería, cosa que nosotros desconocíamos. El señor Hedlie hizo alusión, de paso, a la Viena fin de siècle, igualmente testigo de un estallido similar de suicidios entre los jóvenes, achacando la situación a la desgracia de vivir en un imperio agonizante. Era algo que estaba relacionado con el retraso con que el correo entregaba la correspondencia, con los baches que no se reparaban, con los motines raciales, o con los ochocientos incendios que se habían producido en los alrededores de la ciudad durante la Noche del Diablo. Las hermanas Lisbon pasaron a convertirse en el símbolo de todo lo que funcionaba mal en el país, de los males que éste infligía incluso a los ciudadanos más inocentes y, con intención de que las cosas fueran mejor, un grupo de padres donó a la escuela un banco en memoria de las muchachas"

Jeffrey Eugenides, Las vírgenes suicidas


martes, 26 de febrero de 2013

Entre el peso y la levedad

Aquí seguimos. De vez en cuando echamos mano de La insoportable levedad del ser, ese best-seller de Milan Kundera que nos expone al espejo de lo que somos. Siempre en desequilibrio, siempre en una oscilación continua entre Sabina, Tomás y Teresa, nunca llegando a concluir quién es el más egoísta de ellos, quién el más desgraciado, quién la más santa. Por más que es leído y repasado, tratando de llegar a una solución definitiva, unas veces nos encarnamos en la piscina de Teresa, otra en las traiciones de Sabina, una última en los perfumes de mujer de Tomás. Pero suele prevalecer una atracción hacia todos ellos, compasión triste que nos acompaña pasando las páginas, sabiendo que lo que describe Kundera es nuestra misma tragedia, nuestra misma contradicción irresoluble. Siendo tal vez Sabina mi preferida, por ser la única que acepta, la única que sobrevive - por admitirla-, a esa insoportable levedad del ser, reconozco que únicamente Teresa podría caerme bien. Lealtad, fidelidad, ternura... el personaje trágico de toda esta historia de individuos que transitan hacia un mundo líquido en el que el arraigo se desvanece y sólo quedan las sombras de los valores que algún día fueron. 

Unos días atrás, tomando una cerveza con unos amigos, Javi cayó en el tema central, en el abismo del ser, en esa cuestión que se nos presenta de frente a las que hemos nacido en el mundo postmoderno: ¿arraigo o levedad, peso o ligereza?. Él suele optar por lo primero, por ello mismo lo aprecio tanto. Sé que yo sería incapaz de afirmarlo con esa seguridad con la que él lo hace, tal vez ocultando el miedo a un saberse a contracorriente, a un tratar de permanecer estable en la sociedad de lo perecedero, de lo efímero y de lo leve, en definitiva. Porque nada dura ya, porque todo transcurre con parsimonia, mutando, sin cesar, en  los abiertos caminos del capital. 

Teresa es el mundo que  no quiere dejar de irse en la Praga ocupada. Sabina, su Primavera. Una tierra prometida que, sin embargo, nunca llegará a cuajar. Por ello no deja de encontrarse en un entre, en una contradicción constante entre el mundo de Teresa (uno compartido y estable) y el suyo propio (ése que insta a la traición, al desarraigo y al movimiento perpetuos), y claro está, el de Tomás, el entre por excelencia. ¿Cuál de las dos es más trágica? No sabríamos responder, mas que desde la contradicción.

Hoy, una: Sabina. La que admite lo trágico como condición del ser. La única que persevera en una desquiciante soledad y que, en ese perseverar, se salvará de un funesto final. 
Mañana, otra: Teresa. La que se entrega entera, hasta en sueños, a un Tomás inseguro y asustado. La que no puede admitir lo doloroso de una vida abocada al olvido. 
Entre medio, él: Tomás. El asustadizo Tomás cuestionándose su vida, sin saber si realmente es eso lo que deseaba. Todo por ella, pero sin ella (Teresa). 

Pero todos sabemos, como lo sabían ellos, que están igual de solos.