lunes, 2 de abril de 2012

SOBRE EL CUARTO MURO #3 el urbanismo

<<Frente a esa juventud que tiene la "ingenuidad" de ocupar el espacio público creyendo que se trata de un espacio abierto, el comisario restablece el orden: aunque pertenezca supuestamente a todos, en realidad el espacio público no pertenece a  nadie, por lo que nadie puede tener la pretensión de ocuparlo. La única instancia que tiene potestad sobre el mismo es la policía. El espacio público es el territorio del Estado>> p.46

<<El primer y último recurso de un ser humano - como sabe cualquier indígena de las sociedades llamadas primitivas - es cultivar una red de relaciones de intercambio recíproco. Ahora bien, el trabajador occidental que dispone de un empleo estable es perfectamente autosuficiente. Y lo más habitual es que el universo suburbano en el que vive esté hecho para impedir que pueda recurrir a esas relaciones de ayuda mutua que caracterizaban a los barrios obreros de antaño. [...] El aislamiento, la separación entre el individuo y la comunidad, son la condición misma del funcionamiento de la maquinaria capitalista.>> p.120

¿Chusma?, Alèssi Dell'Umbria, Pepitas de calabaza, 2009

Como ya dejaba vislumbrar en la anterior entrada "sobre el cuarto muro #2. La calle", el urbanismo es esa monstruosa herramienta capitalista encargada de crear cuartos muros en nuestras vidas. Pues esa segregación y disgregación que se refleja en nuestros mapas urbanísticos acaba alojándose - y muy bien- en nuestras formas de vida. La calle como espacio de comunicación y creación de redes es sustituida por ese espacio de continuo tránsito que todas conocemos, cuyo máximo exponente es el automóvil. El coche, como comenta el autor de la obra citada más arriba, es el paradigma más claro de nuestro aislamiento. De nuestro espacio de encierro privado (el piso) circulamos al espacio de encierro que nos esclaviza (el trabajo) mediante una célula de aislamiento como es el coche (que además genera agresividad hacia los otros conductores).
¿Cómo crear así redes de apoyo mutuo, de solidaridad entre trabajadoras?
La sociedad ya no existe, porque en último término nos hemos convertido en individuos atomizados y aislados, partícipes de un espectáculo que  nos mantiene enganchados a las pantallas de televisión y a unas relaciones sociales insatisfactorias, hipócritas y desleales. 
Pero señoras, como hace casi un año ya, las plazas siguen estando ahí. A nuestra entera disposicón. Sólo hay que tomarlas.

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