miércoles, 11 de abril de 2012

Vómito y resaca

Decimos que lo vemos todo y no llegamos a rascar ni una parte de la superficie de la encimera llena de mugre. Pero nos creemos sabias porque pasamos cuatro horas al día escuchando a un tipo que no tiene otra cosa mejor que hacer que contarnos sus últimas lecturas.
Ya verás que todo se resuelve con un poco de alquitrán en las pupilas mientras tomas tu café descafeinado y una gitana pide limosna al lado de las putas del Raval. Esas a las que ahora les prohíben hacer la calle. Pobres.
Cuando pasas a su lado les sonríes o pones cara de compasión. Que vean que te preocupas por ellas mientras vas a tu casa y te encierras en la habitación pensando en el mal día que has llevado hoy, o en la ontología de Heráclito frente a la de Parménides. Las pobres putas que nunca llegarán a ser como tú, qué mala vida llevan las malditas de la ciudad. Por suerte, yo las conozco mejor que ellas mismas y me puedo permitir el lujo de abyectar sus voces e impulsar la mía que se escucha y se entiende mejor. Y además es más bonita.
Pero a mí ya me da igual todo porque me he leído cuatro libros de mierda que me han iluminado, como al pringao de la caverna, mientras que los que buscan la liberación se hacen moratones en vano porque jamás saldremos de este pozo de heno. Y un día os joderán bien, a todas vosotras que créeis que hay un mundo mejor más allá de estas cuatro paredes asquerosas. Hablamos de libertad y a unos metros de nosotros hay personas desahuciadas que sólo pueden pensar en dónde dormirán y comerán sus hijos e hijas mañana. La libertad es la mayor mentira que nos han vendido. Y lo decimos tan tranquilas, oye, desde nuestra mesita medio deshecha en una facultad que necesita reformas.
Aún así sigo yendo a las manis porque soy muy progre y sé que no me puedo quedar de brazos cruzados sin hacer nada. Con lo que a mí me gusta el espectáculo. Y si me llevo de propina un par de porrazos, mejor. Tal y como escribo, algún día se pueden convertir en una historia (¡que producirá valor, mucho valor!)
Nosotras que nos creemos tan auténticas, tan verídicas, tan coherentes. Todo es autocomplacencia. Somos una gigantesca contradicción con forma de estudiante universitario de clase trabajadora que está descubriendo el mundo por primera vez pero se cree ya lo suficientemente mayor como para hablar por encima de cualquier discurso, porque ha aprendido que a todo se le puede añadir el prefijo –meta. Y chavales, eso es lo nuestro. Y así convertimos nuestras palabras en algo transcendental, más allá de. Nos creemos chachis. Y nos olvidamos de eso que nos decían: “Todo es inmanenciaAaAa” (es que resuena en mi cabeza como una voz espectral)
A veces el vértigo y la congoja te fagocitan por completo y resulta imposible discernir entre lo que está bien y lo que está mal. Lo real y lo falso. La verdad y la mentira. Esos momentos nos abisman al mayor silencio jamás resuelto. Y nos hacen escribir cosas como ésta.
Toda postura puede ser defendida racionalmente, con un poco de retórica y unas lecturas básicas a nuestra espalda. Estamos contentos y lo gritamos alto, a los cuatro vientos para que todo el mundo se entere de lo que hemos “descubierto” y que nos encanta. Multiplicidad y cambio. Ya, claro: multiplicidad y cambio. ¿Y ahora a qué me aferro? ¿Qué queda en pie después de toda esta charlatanería? “La clase burguesa es la clase revolucionaria por antonomasia” ¿Cómo puede decirme un tipo con los pantalones por debajo del culo, para colmo pelirrojo, que cada vez que yo voy a una maldita manifestación estoy poniéndoselo más fácil a toda esta mierda de mecanismo que tratamos de hacer estallar? ¿Cuál es el camino? Vaya, qué pregunta más estúpida: no creemos en guías ni en iluminados, ni en senderos marcados. Así que esperaremos, como la lluvia de átomos de Epicuro, a ese desvío, a ese clínamen que forme el anárquico agregado.
¿Y entonces qué? ¿Nos pondremos a matar gente a mansalva?
¿Se puede saber de qué estamos hablando?
Es que a veces tengo la impresión de que hablamos de todo, y al mismo tiempo de nada.

3 comentarios:

  1. Me remitiré a tu comentario:

    Andrea de la Serna Apr 3, 2012 11:41 AM
    jo tío, qué pesimista...
    pero sí, duelen tantas verdades escupidas a la cara...

    ResponderEliminar
  2. Pero es que parece imposible no contradecirse cuando se trata de reconciliar praxis y teoría.
    Y tenías razón, ¿qué se gana con el optimismo? A veces parece más bien un autoengaño, ese de "creerse libre en vez de saberse esclavo".

    ResponderEliminar
  3. ¿Se pueden conciliar las dos cosas sin tener a la gente totalmente de tu parte viviendo en sociedad? La práctica es la nueva teoría.

    ResponderEliminar