sábado, 15 de diciembre de 2012

De hoy


Ignorar a dosis de Prozac el malestar que invade nuestro mundo. Levantar cada mañana un cuerpo-máquina que chirría por una pretendida coherencia. Follar con un esqueleto. Librar una batalla con el despertador en lugar de con tu jefe.
Eso no es alienación
es “confort público” vendido al mejor postor.

¡HIPÓCRITAS!

Inmóviles aún cuando se trata de vuestra propia felicidad, el mundo que des-habitamos  es emocionalmente estúpido, culturalmente pobre y vitalmente destructor.

La adaptabilidad humana me deja perpleja cuando la tasa de suicidios diaria pasa a formar parte nuestra VIDA, y cuando admitimos que hasta en un zulo podemos ser felices.

Vida-zulo
Supervivencia aleccionada por el consumo
Infantilidad política
Espacio público desocupado
Di(n)versión

domingo, 7 de octubre de 2012

Si todo vuelve a comenzar


Fotograma de El lado oscuro del corazón

Quiero decirlo ahora
porque si no después las cosas se complican.

Soy peor todavía de lo que muchos creen.

Me gusta justamente el plato que otro come
aburro una tras otra mis camisas
me encantan los entierros y odio los recitales
duermo como una bestia
deseo que los muebles estén más de mil años en el mismo lugar
y aunque a escondidas uso tu cepillo de dientes
no quiero que te peines con mi peine
soy fuerte como un roble
pero me ando muriendo a cada rato
comprendo las cuestiones más difíciles
y no sé resolver lo que en verdad me importa.

Así puedo seguir hasta morirme:
ya ves soy lo que llaman
el clásico maníaco depresivo.

Te explico estas cuestiones
porque si todo vuelve a comenzar
no me hagas mucho caso acuérdate

José Agustín Goytisolo en  Palabras para Julia y otros poemas
publicado en Plaza Janés, 1997

domingo, 16 de septiembre de 2012

Miedo

Una araña me observa desde su altar elevado en mi estantería, con esos ojos multiplicados que parecen arder en una infinita oscuridad, la de una vida dedicada a dar miedo. "Pobre", pienso, "no te diferencias tanto de esos gilipollas que quieren matarme a mí y a todos los que quiero". 

Estoy muerta de miedo y es algo visceral y primitivo, algo que me remite a la violencia originaria, a la guerra de intereses, al miedo a perder la batalla.

Xenofobia y misoginia generalizadas en un vecindario gris, con gente normal que va de aquí para allá sin ser verdaderamente conscientes de su perversión oculta. Que todos ellos quieren matarme. 
¿Y quién lo es? ¿Cómo saber cuál es el punto de no retorno? ¿Cuál es el grito que indica que ya no queda nada por perder? ¿Cuándo a una le deja de importar la vida de un ser humano?

La he tenido que matar. Su mirada amenazadora y un culo que suelta ése repugnante hilo blanquecino directo a mi garganta. Al menos ya puedo gritar, nada se pega a mis cuerdas vocales. 

No soy inocente, pero nadie podrá culparnos, sabéis, cuando no haya nadie para llevarnos la contraria. 

lunes, 13 de agosto de 2012

Body struggle


Moment of perfection, Duane Michals

Hoy no os critico, hoy os compadezco.
Tantos y tan guapos, todavía no habéis aprendido a dibujar las líneas de vuestro propio cuerpo.
Demasiado daño os hizo la Modernidad haciéndoos creer que sólo erais poderosas ideas,  mientras los artistas se dedicaban a interpretar cuerpos femeninos. Habéis divinizado mi desnudo, os han preocupado mis formas, y os habéis olvidado de lo estéticos y perfectos que pueden llegar a ser los vuestros, en sus radicales diferencias. 
Es hora de que los hombres piensen su propia feminidad y hablen de ella, de que aprendan a admirar sus bellas curvas, de que añadan centímetros de su piel al Arte. 
Vuestros cuerpos son el gran olvidado. Los de La Mujer el gran explotado. Todos los demás no valen la pena.

Pues bien, dejad de fingir que no os importa porque sé que os encanta miraros al espejo y ver vuestro reflejo en más de cinco ángulos distintos, o disfrutar del brillo de vuestra piel al sol de verano o lucir muslos en la playa. No es que vuestro cuerpo sea invisible, es que es intocable. No es culpa vuestra, jamás os enseñaron a palpar ni un milímetro de vuestra piel. Sólo os bombardearon, como al resto, con anuncios de Dolce & Gabbana. 

Hablo de feminidad, sí, porque el cuerpo siempre ha sido femenino. Ésta también es vuestra lucha, cambiar esa asociación estúpida que impide la liberación de la gran variedad de cuerpos que hay en este mundo. Como quien dice "los árboles no dejan ver el bosque" yo digo que el pene os impide ver los cuerpos, pues no conocéis otras vías de placer - infinitas- que puede llegar a aportar un cuerpo. 
Vuestra sexualidad es limitada y no lucháis por ella. Sois aburridos y ése es un acto suicida. Es irónico que seáis los primeros encargados de castraros. Tampoco os culpo, el primer acto de humillación viene dado por unx mismx.

Tirad a la basura el concepto tradicional de hombre: el auténtico dandy es el que sabe andar desnudo, y le gusta.

sábado, 7 de julio de 2012

Feminismos queer


“La risa frente a las categorías serias
es indispensable para el feminismo”
Judith Butler

El ser mujer

“¿Qué es la mujer? Pánico, zafarrancho general de la defensa activa” nos decía Monique Wittig. La interpelación al eterno femenino, a la noción tradicional que de mujer se había tenido, no es sino una artimaña para aferrarse empecinadamente a una categoría ya minada, pero que se ha llevado muchas vidas por delante. Aunque realmente no podemos decir que las mujeres no existan, puesto que es evidente que, de hecho, materialmente, las mujeres existen. Lo problemático de esta cuestión nos conduce a pensar en su existencia ontológica. Si acudimos a Althusser, quien se había ocupado del ser de ser proletario, veremos que realiza una fuerte crítica a Marx y Engels por confundir reproducción por producción. Cuando Althusser afirma que los “elementos no existen en la historia para que exista un modo de producción, sino que existen en ella en un estado flotante antes de su acumulación y combinación, siendo cada uno de ellos el producto de su propia historia”[1] está, en cierto modo, admitiendo el fluir de nuestras identidades. No hay una entelequia que dote de un fin a nuestra existencia ni tampoco que la canalice. El sentido de nuestra identidad vendría dado por una toma de consistencia aleatoria que se desplaza sin cesar. Podemos entender por “existir en un modo flotante” justamente ese estado de inestabilidad, de cambio constante. Del mismo modo, si- como decía Marx- el conjunto de nuestras relaciones sociales determinan nuestra conciencia, comprendemos que estamos continuamente construyéndonos, de forma inconsciente, a partir de una repetición incesante de lo que nos rodea. Y lo que es más importante es que esa repetición tiene valor de real al reproducir subjetividades, creándolas al mismo tiempo.
Pues bien, la cuestión de la performatividad en Butler aludiría a ese mecanismo por el cual teatralizamos de forma inconsciente nuestras identidades, a la reproducción de ciertos roles y guiones. Algunos autores, véase Pierre Bourdieu, criticaron este concepto al parecerles que Butler afirmaba que una podía cambiar de identidad como quien cambia sus pantalones cada mañana. No obstante, vemos que esto no es así: la identidad no se performa de forma consciente, no atiende al voluntarismo, sino a una reproducción inconsciente que se fomenta desde nuestro entorno cultural.
Por todo lo explicado anteriormente, podemos concluir que las mujeres existen, pero no así La-Mujer. La identidad Mujer ha quedado naturalizada, se nos ha hecho creer que es original, esencial, cuando no es más que un producto derivado. La-Mujer nos remite siempre a una categoría hueca imposible de alcanzar, porque ninguna repetición es perfecta. Existen infinidad de subjetividades performadas en torno a una categoría imposible, que sería la de Mujer con mayúscula, que es lo mismo que decir que no hay dos mujeres iguales. Entonces, al final, ¿qué tienen las mujeres en común?
Tratar de definirse, de concebirse dentro de una categoría, es siempre problemático. Una de las soluciones pasa necesariamente por el mestizaje. Tenemos que comprender que definirnos como mujeres es reduccionista porque ¿a qué nos estamos refiriendo exactamente? ¿Tienen lo mismo en común una mujer lesbiana y otra heterosexual? ¿Una negra y otra blanca? ¿Estamos hablando de las mismas subjetividades? Nos atraviesan tantas líneas constituyentes y tantas historias diferentes que caer en las etiquetas y los estigmas es una abstracción inútil, que muchas veces sirve para injuriar y abyectar a lo no deseado.
Son todas estas farragosas cuestiones las que le hacen a Butler hablar del “sujeto del feminismo” y no de las mujeres. En definitiva, si lo que nos une a todas es que somos “sujetos del feminismo” (y yo me pregunto, ¿quién no lo es?) podemos concluir afirmándonos como sujetos de lucha. Y es que, posiblemente, yo misma sólo me pueda pensar como mujer desde ese zafarrancho de combate del que habla Wittig.

Política difusa

Hemos dicho que debemos apostar por el mestizaje, por las pluriidentidades, por el cambio y el movimiento; porque, como dice Butler, “afirmar que yo soy tal cosa es sugerir una totalización provisional de ese <<yo>>”[2] Siempre que nos pensamos desde una categoría estamos ejerciendo una violencia sobre nosotras mismas, ya que es un ejercicio de opresión y de reducción. Puede que nos sintamos a gusto en ella, que nos satisfaga porque nos hace formar parte de algo diferente y no de una masa indiferenciada; pero justamente lo que estaremos haciendo será ocultar nuestra propia diferencia y coartar la posibilidad de crearnos a nosotras mismas.
Sin embargo, vemos que negar el calificativo de lesbiana, el de homosexual o el de inmigrante tiene el mismo sentido que negar el de mujer. Negarlos, aparte de funcionar como un mecanismo de invisibilización en determinadas ocasiones, también nos lleva a la eliminación de algunas prácticas políticas que pueden resultar muy eficientes (el outing, por ejemplo). Es cierto que admitir que las fronteras se han disuelto, que el sujeto ha estallado y, a la vez, exigir una visibilización de estas subjetividades puede resultar contradictorio. Sin embargo, yo entiendo que desde una práctica política es importante adoptar una u otra postura según nos convenga. No tener una postura definida y clara, o una única forma de proceder, no debe tomarse  como un problema a resolver, sino como un buen síntoma de que el feminismo está en perpetua reflexión y no se aferra a un purismo intelectual ni político.
Los movimientos feministas se constituyen de forma difusa en cuanto que no funcionan a nivel macropolítico, sino que se incrustan en los entresijos de la vida cotidiana resaltando la importancia de la práctica política a nivel micro. Según Raúl Zibechi en un artículo del periódico Diagonal, el feminismo es un movimiento social que ha conseguido movilizar el deseo. En lugar de tomar el poder  a la antigua (esto es, instaurando un Estado feminista, por ejemplo), ha tomado el poder legitimándose en asambleas y en colectivos. Los feminismos están consiguiendo no momificar su posición política permaneciendo en constante movimiento, atendiendo a los problemas reales de la vida cotidiana y tratando de darles una solución.
Estas formas propias de las políticas queer parecen estar cambiando realmente el modo de comprender las relaciones sociales, pero la realidad es que la revolución feminista no se ha dado todavía y en la mayoría de los movimientos sociales surgidos en estos últimos meses su presencia es escasa. Sin ir más lejos, en una asamblea del 15M del año pasado se llegó a discutir sobre la necesidad de llamar o no feminista a la acampada de la plaza del Pilar. No se llegó a consenso sobre este tema, y en muchos casos aludiendo al argumento de que feminismo y machismo son lo mismo. Esto nos lleva a pensar que los feminismos no institucionalizados están funcionando muy bien en determinadas esferas sociales, pero que a duras penas se conocen en otras. Con respecto a ello, creo que no debemos encerrarnos en el elitismo académico ni reducirnos únicamente a prácticas activistas. No comparto las críticas que hacen algunas/os activistas a la comunidad académica. Lo cierto es que la teoría crea práctica, y la práctica al mismo tiempo produce teoría. Además, si justamente lo queer se caracteriza por no prefijar un sujeto revolucionario, lo importante es dar a conocer estas prácticas. Mediante libros y mediante colectivos.

Your body is a battleground

Hemos dicho que la identidad se performa de forma inconsciente, que escapa a cualquier voluntarismo. Sin embargo, Laura Bugalho hablaba en una reciente conferencia sobre transfeminismo lésbico sobre la posibilidad de devenir transfeminista. Ella misma lo definió como un proceso consciente de precarización de nuestras vidas, como un devenir trans-marica-puta-bollo-mestiza. Me parece importante esta cuestión ya que no prefija un sujeto revolucionario, sino que- como hemos dicho antes- al final todas podemos ser sujetos del feminismo. Por otra parte, es probablemente en ese proceso de devenir consciente donde reside la libertad.  Desde el propio conocimiento de la realidad material, experimentado en nuestras carnes bajo la forma de opresión y violencia, somos capaces de dirigir ese conocimiento hacia una acción productiva. Nos referimos a la capacidad de reapropiarnos de esos ejercicios de exclusión, de esa violencia, y registrarla positivamente a modo de energía creativa. Y lo que es más relevante es que esa violencia está omnipresente, no se ejerce únicamente sobre unos sujetos. Como hemos dicho, nosotras somos las primeras en violentarnos, y ser conscientes de ello nos confiere la capacidad de construir algo nuevo con nuestra identidad. Dejarla fluir de forma abierta y creativa.
De aquí que nuestro cuerpo sea un campo de batalla. La violencia se ejerce siempre sobre los cuerpos, los de la minoría (y minoría somos todas). Podemos decir que la cultura atraviesa nuestros cuerpos y los termina deformando. Cuando Kristeva realiza su estudio sobre la abyección, resalta que éste es un fenómeno que excluye, que excreta algo que nos es propio, interiorizando al mismo tiempo una ley externa. Es decir, invisibilizamos y negamos un tipo de prácticas y deseos normativizando otros. Nos autovetamos ciertas posibilidades. Así, nuestro cuerpo es un reflejo del Orden Simbólico, ésta es la destrucción cultural del cuerpo a la que se refiere Foucault.
A raíz de esta constatación, las políticas queer se dirigen a la transgresión de esa ley y con ello a la visibilización de prácticas abyectadas: sadomasoquismo, sexo intergeneracional, sexo anal y un largo etcétera. Prácticas como el fist fucking ponen en relieve un tipo de práctica sexual desgenitalizada e incluso violenta que subvierte el discurso dominante sobre la sexualidad. El fist fucking cuestiona el modelo de masculinidad, el falocentrismo y difumina el binarismo. Por otro lado, la práctica del squirting o eyaculación femenina tiene una dimensión política interesantísima. Julia Pornoterrorista comentaba la transgresión que suponía que una mujer “se corriera a chorros”, porque hace tambalear los cimientos que se asientan sobre una supuesta moderación femenina y pone en alza la lógica del exceso, de la pérdida, del descontrol.
Todas estas prácticas consiguen mostrar nuevas formas de dirigir nuestro deseo y, además, tienen una función política. Investigando nuestro propio deseo, dejándolo aflorar, comprobamos que no nos son tan ajenas, que incluso de forma consciente podemos inducirlas. Al ser el deseo otra producción cultural podemos crearlo mediante ciertos discursos, podemos erotizar lo que nos parecía imposible a priori. Terminamos finalmente abrazándonos a la perversión, asomándonos a ella mediante la transgresión del discurso institucionalizado. Las políticas queer requieren una investigación, un descubrimiento de nuestro “lado oscuro”.

Conclusión: la risa del exceso

“La risa brota al percatarse de que todo
el tiempo lo original era algo derivado”
Judith Butler

Esta risa de Butler no nos es en absoluto ajena. Antes subvertía las categorías serias y ahora nos anima a percatarnos del carácter performativo de toda identidad.
La risa del exceso es una risa loca, casi histérica, que ruge de euforia al descubrir las nuevas posibilidades que nos ofrece una identidad abierta, sin contorno ni dintorno, con las fronteras barridas por el afloramiento de nuevos deseos.
La lógica de la moderación se abisma a la caducidad. La contradicción prevalece: nuestros cuerpos se aburren de la coherencia a la que pretendemos ajustarlos mediante discursos repetidos hasta la saciedad desde que éramos pequeñas. Comprobamos que siempre hay algo que nos excede, que se escapa a nuestro control, que nos contradice y, muchas veces, nos produce malestar. Ese malestar es la violencia que debemos resignificar para construir, a partir de ella, algo nuevo.
La risa consigue subvertir las categorías. Humilla la estabilidad y la coherencia. Se burla de lo políticamente correcto. Adopta una posición política al negar lo establecido, lo normalizado y, a borbotones, nos confiere energías para construirnos a partir de las cenizas de una identidad que nos anclaba al aburrimiento y a la imitación de unos patrones huecos, con forma pero sin contenido.



[1] Althusser, L., Para un materialismo aleatorio, Arena Libros, 2002.
[2] Butler, J., Imitación e insubordinación de género

Nunchaku conceptual #1: Teoría en guerra

Dejo aquí un "nunchaku", un comunicado guerrillero, una declaración de intenciones, escrito por la Asamblea de Filosofía de la Universidad de Zaragoza.

>>En los últimos meses, múltiples destellos de agitación social han aflorado por calles y plazas en busca de una reapropiación de los lugares y tiempos comunes. Nosotras, desde la carrera de Filosofía de la Universidad de Zaragoza, hemos sentido la urgencia de participar en este momento de efervescencia, sumando nuestras fuerzas para ayudar a derrumbar el conjunto de falsas responsabilidades que cargamos a nuestras espaldas como una losa, dispuestas a desmentir la idea de que nada puede hacerse ya ante el aclamado “fin de la historia”. 
La necesidad de encontrar una estrategia adecuada implica reformular nuestra propia concepción del conflicto. 

 Vivimos una época de malestar, un malestar curioso en tanto que viene de un mal estar en el mundo, un mal estar en una sociedad donde lo único colectivo que conocemos es el paro, el examen, la competitividad y las rebajas. 
Un mal estar en un mundo donde el conocimiento se reduce a parcelas tan reducidas y fragmentadas que no nos permiten entender lo que (nos) sucede. 
Un mal estar en un mundo donde la actividad que desarrollamos nos embrutece: una educación destinada a desempeñar un trabajo remunerado, destinado a dotarnos de los medios materiales destinados a garantizarnos una subsistencia individual atomizada. Ya no vivimos: sobrevivimos. Y esta supervivencia mecánica, aleccionada por un eterno endeudamiento, hace de nuestra existencia la máquina de nuestra propia muerte. Promovemos el impago de nuestra vida-hipoteca, la subversión de nuestras condiciones vitales. 

Si la realidad es un subconjunto de lo posible, nosotras queremos empujar los límites de lo real. 

 No queremos lógicas de mercado, razones de economía, ni someter nuestra vida a sus cálculos y necesidades, dejando que se apropien de todo lo que creamos. 
No queremos ser tampoco intelectuales en compartimentos estancos
Nos negamos a ser una marca de nosotros mismos, y que nuestra educación tan solo exista para lucir más brillantes y atractivos en los escaparates del mercado laboral. 

Queremos recuperar la capacidad de entender relaciones, comprender totalidades en la época del mapa sin tierra, en la que las fauces del capitalismo han subsumido ya todos sus otros. Queremos comunicarnos en un mundo donde sólo vemos dificultades (o plena incapacidad) para hacerlo. En la época del "mejor de los mundos posibles" hemos de abrir espacios (geográficos, culturales y sociales) que alteren las relaciones de control, que presionen las grietas del mapa social, que se sitúen fuera de los códigos y roles ya establecidos y arropen la irrupción de deseos y saberes. 

 Reconocemos que el espacio desde el que hemos de actuar es un espacio dado de antemano por las fuerzas que nos oprimen: nuestra labor ha de arreglárselas en este territorio, buscar oportunidades propicias e ir abriendo fisuras en las geografías menos consolidadas ; y así lo hicimos. La forma en la que decidimos actuar es la de un parón indefinido de clases. El espacio y el tiempo que quedaron vacíos se recuperan desde entonces para desarrollar dinámicas de lucha y discusión que se suman a las que ya se estaban desarrollando. 
El parón de clases trata de ser, pues, una zona liberada, una acción extra-ordinaria que dé lugar a la proliferación de saberes y acciones. No es una acción nuestra porque no hay acto de rebeldía individual o aislado: la destrucción o el daño a los aparatos de control, así como las pequeñas parcelas de vida, recuperada son obstrucciones del funcionamiento de las relaciones de poder asfixiantes, y eso es un triunfo para todas nosotras. 

 Sabemos que hoy lo que legitima una acción no es el argumento que convence sino el poder que funciona. El consenso ciudadano no se construye a través de la reflexión y aceptación, sino que se establece por leyes y poderes que hacen aparecer determinados discursos como correctos, incuestionables, infalibles. No hay ni hubo democracia, la situación actual es de violencia. Las justificaciones ideológicas que querían llamar "crisis" a este reordenamiento de las condiciones materiales de la sociedad están dejando de funcionar y buscan consolidarlo mediante la fuerza. Sobrevivimos sometidas a toda una serie de dispositivos que no hacen sino capturarnos en un devenir cadáveres. Ante esto sólo podemos tragar, puesto que los discursos pretendidamente subversivos niegan cualquier utilización de la violencia en pos de un pacifismo acrítico. Pacifismo que dibuja irónicamente figuras humanas que se solapan con las del ciudadano normal, razonable, sobrio y sumiso, figuras que terminan por tanto respondiendo a los intereses de las fuerzas que dominan. 


Sabemos que la política es fuerza. Sabemos que toda imposición es violenta como lo es toda contestación. Nos negamos a plantear nuestras posibilidades en términos del paralizante debate de violencia sí, violencia no. Nuestro juego va más allá, es más, sabemos que la revuelta acostumbra a ser impopular. Dejemos atrás la inocencia y señalemos firmemente a nuestros verdugos. No nos engañemos: la política hoy y aquí no es otra que una política genocida, pero si alguien ha de caer no seremos nosotras

 Queremos la dimisión de los blindados que ocupan los cargos del actual gobierno y las altas esferas financieras, así como la de los secuaces que los blindan, partícipes impresentables de este amargo vodevil. Ya no podemos seguir actuando bajo el respeto a unas normas que expropian nuestras propias vidas y nos impiden tomar lo que nos pertenece (las calles, los centros, los cuerpos). 

 Sabemos que se juega con nuestra incertidumbre y nuestro miedo, fomentado y magnificado por el uso que los medios de comunicación hacen de ciertas informaciones. Achacamos a ello el resurgimiento de un rancio discurso nacionalista, situado al origen de las tradicionales formas de exclusión. Sabemos que este Monolito omnipresente, omnipotente, indiscutible se construye a través de discursos económicos y sermones políticos mistificadores que nos imponen su realidad, e incluso son el fondo de discursos pretendidamente alternativos que, desde posturas ciudadanistas y descafeinadas refuerzan el sueño de control y represión de los que nos educan, gobiernan y encierran. 

 Sabemos que el juego de términos entre un capitalismo bueno (garantista) y otro malo (depredador) sólo esconde una certeza: que no hay soluciones mágicas a la crisis y que ésta no se crea por una mala gestión del capitalismo. 
La noticia de la intervención europea a la banca española es la manifestación de que no van a parar hasta acabar con nosotras. Esta intervención traerá consigo más recortes, más políticas de "austeridad" y más "reformas" laborales y fiscales: nuevas manifestaciones de las viejas formas de violencia estructural a las que se nos pliega con impunidad. 
Entre ellas, y como bien estamos comprobando, las áreas de educación y sanidad serán las más afectadas. 

 El proceso de recuperación de la vida pasa necesariamente por la constitución de nuevas legitimidades y poderes desde los que ser capaces de romper con la historia y de poner en marcha nuevos comienzos. Estamos hartas de que la legitimidad nos deba ser reconocida verticalmente. Cualquier vida que no pueda transformar su entorno ni recrear su propio ser es una vida sometida, impotente; una vida, en definitiva, secuestrada. ¿Cómo vivir? La respuesta a esta pregunta nos emancipará o nos someterá. Hemos dejado de ser masa para ser multitud, multitud unida por el rechazo a esta situación que vivimos, y desde ahí surge la posibilidad de un nuevo espacio político. Cada cual debe tomar las armas que estén a su alcance. Nosotras tenemos muchas armas que utilizar, más de las que pensamos, y vamos a ir a por todas. La guerra ha comenzado. Nuestros rostros ya lucen pinturas de combate

Toma la plaza, toma tu tiempo, toma tu cuerpo, toma la filosofía; 

TOMA LA VIDA

Asamblea de Filosofía, Zaragoza 2012 

«Y si no podeis ser santos del conocimiento, sed para mi al menos sus guerreros» 

martes, 19 de junio de 2012

"No querer asir"

En el espacio de "lo neutro" flotan marañas de humo dibujando la sonrisa abstracta de  mi escepticismo.  No encuentro en él, ni fulgura en sus recovecos, la dulce contradicción. La violencia incitada por unos pechos lejanos ya no aparece en su exceso, ni necesito escribir en mi lengua mil injurias a tu persona. Lo neutro es una destrucción detallada y laboriosa de todo cuanto hemos aprendido, es un prudente rechazo a tus caricias. Se eleva en la cumbre de lo estable, que permanece intacta tras el impulso destructor de una gran hoguera.

Y aspiro a él, como aspiro a volver a un lugar de paso. Sé que será un fugaz momento, un instante de equilibrio en el que, sin más, nos asomaremos a la mirilla de la libertad. Un encuentro. Pero se esfumará tan a prisa como los hoyuelos de tu sonrisa. 

Así que ni lo pienses, ni siquiera lo expreses en tu mirada. Nos quemamos en un ir y venir de roces, de fricciones. Sin más, aquí lo dejo, no voy a dar lugar a una vaga convivencia.

miércoles, 16 de mayo de 2012


Foto: Cindy Sherman
<< No es una crisis, es el sistema>>

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jueves, 3 de mayo de 2012

El afecto como efecto de la ausencia


Remedios  Varo
Gasto improductivo. Exceso. Don. Pérdida relativa.
El vértigo es el deseo de caer. El efecto de una ausencia.
La tristeza es el deseo de vivir. El efecto de una ausencia.
¿El amor? El afecto como efecto de varias extraordinarias ausencias, porque nunca es una única. Y no hablamos de carencia, porque la carencia indica una necesidad. Hablamos de ausencia, algo más etéreo, aéreo, volátil y fugaz.
Una ausencia es como una huella en la arena que se desdibuja poco a poco con el agua de las olas. Regala afectos efímeros.
Por lo demás: la ausencia de caer y la ausencia de vivir, el vértigo y la tristeza, son los afectos como efectos de la ausencia del amor.
Y la ausencia es siempre un exceso. La ausencia es un regalo de afectos.
Eso que denominamos amor está en la frontera inexistente entre el deseo de caer y el deseo de vivir.
Un rastro de carmín, el espacio impoluto que queda tras retirar un libro de una estantería repleta de polvo o una gota de sangre en la acera. No sabemos de dónde viene ni cuánto durará.  Sólo que está ahí: efímero, desafiante. 
La llamada de un gasto innecesario que desafía a cualquier lógica economicista.
Un encuentro, nada más.

martes, 17 de abril de 2012

Antes de entrar


Toulouse-Lautrec, Sola, 1896 

Dime qué buscas hoy en este cuerpo
de hábitos precisos, de movimientos rápidos,
¿un saco de arena donde hundir el puño?
¿un labio de seda para estampar en fucsia,
en un ajuar de lycra, dos ridículos labios?

Vuélvete entonces a casa
o dime qué buscas hoy en este cuerpo,
tan viejo y tan sin dueño como los océanos
por los que bogan hombres cansados y tullidos,
con las ingles violáceas y un ardor febril.

Un ardor secular que nunca cesa, así que dime:
quieres que te extraiga la piedra de la locura,
que Circe saque al cerdo que gruñe en ti,
que te amamante la loba más zorra de Roma;
pon en plata, en palabras, lo que buscas
                                                             en mi cuerpo
que yo lo pondré en obra, sin culpa,  ni omisión.

José María García Martín
 en Puta Poesía publicado por Luces de Gálibo.

miércoles, 11 de abril de 2012

Vómito y resaca

Decimos que lo vemos todo y no llegamos a rascar ni una parte de la superficie de la encimera llena de mugre. Pero nos creemos sabias porque pasamos cuatro horas al día escuchando a un tipo que no tiene otra cosa mejor que hacer que contarnos sus últimas lecturas.
Ya verás que todo se resuelve con un poco de alquitrán en las pupilas mientras tomas tu café descafeinado y una gitana pide limosna al lado de las putas del Raval. Esas a las que ahora les prohíben hacer la calle. Pobres.
Cuando pasas a su lado les sonríes o pones cara de compasión. Que vean que te preocupas por ellas mientras vas a tu casa y te encierras en la habitación pensando en el mal día que has llevado hoy, o en la ontología de Heráclito frente a la de Parménides. Las pobres putas que nunca llegarán a ser como tú, qué mala vida llevan las malditas de la ciudad. Por suerte, yo las conozco mejor que ellas mismas y me puedo permitir el lujo de abyectar sus voces e impulsar la mía que se escucha y se entiende mejor. Y además es más bonita.
Pero a mí ya me da igual todo porque me he leído cuatro libros de mierda que me han iluminado, como al pringao de la caverna, mientras que los que buscan la liberación se hacen moratones en vano porque jamás saldremos de este pozo de heno. Y un día os joderán bien, a todas vosotras que créeis que hay un mundo mejor más allá de estas cuatro paredes asquerosas. Hablamos de libertad y a unos metros de nosotros hay personas desahuciadas que sólo pueden pensar en dónde dormirán y comerán sus hijos e hijas mañana. La libertad es la mayor mentira que nos han vendido. Y lo decimos tan tranquilas, oye, desde nuestra mesita medio deshecha en una facultad que necesita reformas.
Aún así sigo yendo a las manis porque soy muy progre y sé que no me puedo quedar de brazos cruzados sin hacer nada. Con lo que a mí me gusta el espectáculo. Y si me llevo de propina un par de porrazos, mejor. Tal y como escribo, algún día se pueden convertir en una historia (¡que producirá valor, mucho valor!)
Nosotras que nos creemos tan auténticas, tan verídicas, tan coherentes. Todo es autocomplacencia. Somos una gigantesca contradicción con forma de estudiante universitario de clase trabajadora que está descubriendo el mundo por primera vez pero se cree ya lo suficientemente mayor como para hablar por encima de cualquier discurso, porque ha aprendido que a todo se le puede añadir el prefijo –meta. Y chavales, eso es lo nuestro. Y así convertimos nuestras palabras en algo transcendental, más allá de. Nos creemos chachis. Y nos olvidamos de eso que nos decían: “Todo es inmanenciaAaAa” (es que resuena en mi cabeza como una voz espectral)
A veces el vértigo y la congoja te fagocitan por completo y resulta imposible discernir entre lo que está bien y lo que está mal. Lo real y lo falso. La verdad y la mentira. Esos momentos nos abisman al mayor silencio jamás resuelto. Y nos hacen escribir cosas como ésta.
Toda postura puede ser defendida racionalmente, con un poco de retórica y unas lecturas básicas a nuestra espalda. Estamos contentos y lo gritamos alto, a los cuatro vientos para que todo el mundo se entere de lo que hemos “descubierto” y que nos encanta. Multiplicidad y cambio. Ya, claro: multiplicidad y cambio. ¿Y ahora a qué me aferro? ¿Qué queda en pie después de toda esta charlatanería? “La clase burguesa es la clase revolucionaria por antonomasia” ¿Cómo puede decirme un tipo con los pantalones por debajo del culo, para colmo pelirrojo, que cada vez que yo voy a una maldita manifestación estoy poniéndoselo más fácil a toda esta mierda de mecanismo que tratamos de hacer estallar? ¿Cuál es el camino? Vaya, qué pregunta más estúpida: no creemos en guías ni en iluminados, ni en senderos marcados. Así que esperaremos, como la lluvia de átomos de Epicuro, a ese desvío, a ese clínamen que forme el anárquico agregado.
¿Y entonces qué? ¿Nos pondremos a matar gente a mansalva?
¿Se puede saber de qué estamos hablando?
Es que a veces tengo la impresión de que hablamos de todo, y al mismo tiempo de nada.

martes, 10 de abril de 2012

Sombrero yayo

El polvoriento rincón de mi cuarto tiene un sombrero que ensuciar. Es uno antiguo, de mi abuelo. Un sombrero hongo que ha visto ya muchas primaveras y sobre el que se cierne una inutilidad próxima. Prueba de ello que haya caído en mis manos con el vago objeto de decorar ese olvidado rincón, oscuro pastel de ácaros. Tal vez un día, cuando lo tome por el placer pedante de enseñárselo a alguna visita descubra florecillas entre sus pliegues.
Me produce desasosiego saber que está en mí la responsabilidad de tres generaciones de cabezas. Un malestar que me reconcome las entrañas más profundas y me hace cavilar sobre mis orígenes. ¿Por qué iba yo a tener que guardar un objeto tan extravagante? Nadie lleva bombines hoy en día. Es por la familia.
Sigo pensando: a mí me lo han pasado y se pretende que yo lo entregue a los que me sucedan. ¿Qué clase de soberana gilipollez es ésa? No tendré hijas, sólo para que no tengan que soportar sus cuerpos con la disciplina y la carga de un sombrero que jamás eligieron, y que, por otra parte, es más negro que el betún. Y es que es realmente un bombín feo.
La familia siempre nos hace llevar sombreros para que vayamos bien firmes. Nos disciplina y después pretende que le devolvamos los pretendidos favores. Jamás he sentido mayor límite que el que ella misma me ha impuesto, desde su soberano núcleo que, entiendo, siempre fue esa figura masculina que toma forma en mi sombrero hongo. “Toda mujer adora a un fascista” decía Sylvia Plath. Para finalmente convertirse en una judía. El núcleo familiar es otro Belsen, otro Dachau, otro Auschwitz… al que nos sometemos de forma voluntaria porque nos viene dado.
Esa violencia en la familia, que prolifera como un cáncer y amortaja nuestros fríos cadáveres, se reproduce, de generación en generación, escondida en las alas de mi sombrero. Él ha sido cómplice de la educación impartida, de la disciplina proporcionada, de los castigos, de los abrazos y las noches blancas. En sus recovecos se cobijan preocupaciones, sueños y temores. Besos al aire y abrazos mal dados y mal recibidos.
¿Todo para qué? ¿Para que yo lo exhiba con orgullo como si se tratase de un objeto esclarecedor de mi vida y sus virtudes? Se merece el lugar que le ha tocado: elegante sombrero hongo reciclado en antigualla barata y sin valor, que acumulará polvo y alguna que otra mancha. Y su fieltro hará de cama para minúsculos bichillos inimaginables.
Por eso, para que ustedes me entiendan, he decidido desterrar mi sombrero hongo a ese rincón, alejado de cualquier mente recta y pulcra que impulsara su alzamiento a un lugar más privilegiado, como el marco del espejo o el perchero. El inusitado hogar de los recuerdos olvidados, de los pasajes de tiempos remotos que acumulan las historias de los márgenes, de los sin-nombre. Tú, Bombín, representarás a los que te precedieron; pero no a mí. A mi abuelo y su credo, mi padre y sus vicios, el rincón y su mugre.
Y yo seguiré orgullosa de ti porque lo sucio y lo marginal es bonito.
Pero no tendré hijos.

lunes, 2 de abril de 2012

SOBRE EL CUARTO MURO #3 el urbanismo

<<Frente a esa juventud que tiene la "ingenuidad" de ocupar el espacio público creyendo que se trata de un espacio abierto, el comisario restablece el orden: aunque pertenezca supuestamente a todos, en realidad el espacio público no pertenece a  nadie, por lo que nadie puede tener la pretensión de ocuparlo. La única instancia que tiene potestad sobre el mismo es la policía. El espacio público es el territorio del Estado>> p.46

<<El primer y último recurso de un ser humano - como sabe cualquier indígena de las sociedades llamadas primitivas - es cultivar una red de relaciones de intercambio recíproco. Ahora bien, el trabajador occidental que dispone de un empleo estable es perfectamente autosuficiente. Y lo más habitual es que el universo suburbano en el que vive esté hecho para impedir que pueda recurrir a esas relaciones de ayuda mutua que caracterizaban a los barrios obreros de antaño. [...] El aislamiento, la separación entre el individuo y la comunidad, son la condición misma del funcionamiento de la maquinaria capitalista.>> p.120

¿Chusma?, Alèssi Dell'Umbria, Pepitas de calabaza, 2009

Como ya dejaba vislumbrar en la anterior entrada "sobre el cuarto muro #2. La calle", el urbanismo es esa monstruosa herramienta capitalista encargada de crear cuartos muros en nuestras vidas. Pues esa segregación y disgregación que se refleja en nuestros mapas urbanísticos acaba alojándose - y muy bien- en nuestras formas de vida. La calle como espacio de comunicación y creación de redes es sustituida por ese espacio de continuo tránsito que todas conocemos, cuyo máximo exponente es el automóvil. El coche, como comenta el autor de la obra citada más arriba, es el paradigma más claro de nuestro aislamiento. De nuestro espacio de encierro privado (el piso) circulamos al espacio de encierro que nos esclaviza (el trabajo) mediante una célula de aislamiento como es el coche (que además genera agresividad hacia los otros conductores).
¿Cómo crear así redes de apoyo mutuo, de solidaridad entre trabajadoras?
La sociedad ya no existe, porque en último término nos hemos convertido en individuos atomizados y aislados, partícipes de un espectáculo que  nos mantiene enganchados a las pantallas de televisión y a unas relaciones sociales insatisfactorias, hipócritas y desleales. 
Pero señoras, como hace casi un año ya, las plazas siguen estando ahí. A nuestra entera disposicón. Sólo hay que tomarlas.

miércoles, 21 de marzo de 2012

menstruación #2

"La regla es el placer calculado del encarnizamiento, 
es la sangre prometida"
Michel Foucault

la regla es algo así como un recordatorio. La menstruación ha quedado inscrita en nuestros cuerpos como memorándum por la ingente cantidad de sangre de mujer derramada - ayer y hoy.
Por eso, mi vagina se empeña cada mes en hacerme comprender que debo luchar y hacer justicia.
Mi sangre no indica la posibilidad de tener hijas, sino que dibuja en mis muslos el mismo sendero que la Historia ha marcado para nosotras, teñido de rojo.
Y mi útero ha sido siempre, y será, el emplazamiento de una gran reyerta.

Sólo me puedo concebir como mujer en tanto forma de lucha.

lunes, 19 de marzo de 2012

menstruación #1

es como

escuchar Charlotte Mittnacht a las 2 de la madrugada,  y tener frío y
un dolor vago que se extiende del riñón a la espalda
y te hace llorar.
La luz del flexo que comparte insomnios y soledades
puro tacto
un escalofrío que recorre mis muslos como un gusano de seda

viernes, 16 de marzo de 2012

política mestiza

Cuando lo que hay que conseguir es una unión de las minorías, lo que más conviene a los intereses contra los que luchamos es que sigamos con ese obstinado empeño por diferenciarnos del resto. La estigmatización que nosotras solas llevamos a cabo etiquetándonos con identidades vacías no hace sino perpetuar la forma-Estado.
Al final, todas caemos bajo el influjo de lo inmutable y nos encadenamos sin dejar paso al devenir.
Tener constancia del tiempo y del cambio pasa por moverse a la par que él. Pero... ¡cómo nos gusta montar cajones dentro de cajones dentro de cajones!
Lo dicho, la diferencia no viene en el nombre. Por ello, hay otras formas de lucha.

Yo necesito el mestizaje.

sábado, 10 de marzo de 2012

lunes, 27 de febrero de 2012


Foto: Andrea de la Serna

¡Este beso! Una cosa tan fragante, tan leve,
de seda, de frescura, mariposa de un labio,
una flor que no es flor, que va, bajo los ojos
negros, cual un lucero de carne y luz, volando...

Algo que huele a sol, a dientes, a puñales,
a estrellas, a rocío, a sangre, a luna... Algo
que es como un agua cálida que se retira, como
el aire de un incendio, errabundo y balsámico...

¿Es el alma que quiere entregarse? ¿Un rubí
del corazón, que abre su sagrario de raso?
¡Un beso! Y las mejillas se tocan y se rozan...
y son nieves que arden... y se encuentran las manos...

(Laberinto, 1910-1911)
Juan Ramón Jiménez
Publicado en la colección "Voces críticas" de Público

domingo, 26 de febrero de 2012

miércoles, 22 de febrero de 2012

SOBRE EL CUARTO MURO #2. La calle

La calle ofrece la posibilidad de agredir, de inspirar, de insultar… de dejar de ser ladrillos para convertirnos en fluidos.
Entiendo que la calle es el perfecto ejemplo del auténtico estado de excepción. En la calle que yo pienso no hay una voluntad que se imponga sobre las demás. El auténtico espacio de libertad está en la calle, y no en el ámbito cerrado del hogar. En la calle palpita la posibilidad de la improvisación en contacto con los otros. El hogar es privado, no hay posibilidad de hacer teatro. La calle nos permite comunicarnos, y mayor será esa comunicación cuanto menor sea la jerarquización de las relaciones.
De nuevo adviene la figura del actor callejero, del perfecto performer que se hace pasar por viandante.
Nosotros, como el actor callejero, el vagabundo, el circo ambulante, tenemos que conseguir hacer estallar el gran ojo soberano (que sólo vive por nosotros, porque nosotros lo alimentamos) para convertir la calle en un auténtico espacio de excepción de la ley.
Me comentaba hace poco Javi cómo a los niños se les educa desde pequeños en ámbitos cerrados, se restringe su mente (el patio del recreo, la clase, etc.) no se les deja expandirse y su imaginario se ve coartado por infinidad de muros. La calle no es sino un espacio de tránsito entre una cárcel y otra, o al menos así nos lo enseñaron. Justamente porque la calle tiene la posibilidad de ofrecernos todo lo contrario: colaboración, comunicación, aprendizaje, libertad, revolución… pido desde aquí la reivindicación de su auténtico significado.
Porque necesitamos cruzar miradas para formarnos, porque queremos gritar bien alto lo que pensamos.

lunes, 20 de febrero de 2012

SOBRE EL CUARTO MURO #1. Mestizaje

Somos el cuarto muro. Os lo dice una actriz frustrada, una actriz que probó suerte en la calle porque eso del salón le parecía demasiado obnubilante. No tuvo suerte, desde luego.
Estamos tan acostumbrados a sentarnos y a escuchar, a reproducir incesantemente nuestro guión (todos somos, en última instancia, guiones sin guionista) que pensar siquiera en la improvisación requiere de un gran esfuerzo.
Como decía, todo son cuartos muros en la vida. Distancias invisibles, intangibles, que aún así solo perviven en la inmanencia y en nuestra calidad tanto de actores como de público. Pero jamás los entremezclamos (hay que).
Pensemos en el cuarto muro, no a modo de transparencia que se interpone entre el escenario y el patio de butacas, sino como una instancia material: nosotros somos el cuarto muro, nosotros lo conformamos cada vez que acudimos al teatro. El cuarto muro no existiría si no existiera el público. El espectáculo dejaría de tener sentido.
Por ello es tan interesante el mestizaje del actor callejero. Allí la estructura no es binaria, no hay una reproducción. Hemos eliminado el edificio, la unidireccionalidad y el pago por adelantado. Y el actor no es del todo actor, ni el público del todo público. La función no tiene una rutina, viene y va cuando le da la gana en un incesante devenir. Cambia de acera, de avenida, de ciudad… en un trayecto sin fijar. Sólo se representa exactamente cuando se lo propone.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Foto: Jan Saudek


Impacto.
A veces se me olvida respirar.
Suele  pasarme cuando pienso demasiado en la muerte, o en el suicidio.
Entonces, mi pulmón se queja, mi corazón late un poco más deprisa y, sólo así, entro en razón.
No es mi culpa, a veces se me olvida respirar.
Pienso en suicidarme, joven. Tal vez a los 27 y pidiendo que en mi epitafio ponga: "Quiero que jodáis sobre mi tumba". Me niego a ser otro aburrido cadáver más.

martes, 7 de febrero de 2012

Canción de Jenny la de los piratas

1.
"Señores: hoy me ven fregar vasos
y soy yo quien les hace la cama.
Gracias les doy si me dan propina,
andrajosa de hotel andrajoso.
Pero ustedes no saben con quién hablan.
Una tarde en el puerto habrá gritos
y se dirán: <<¿Qué gritos son esos?>>
Me verán sonreír mientras friego
y se dirán <<¿por qué se sonríe?>>

Y un barco con ocho velas
y con cincuenta cañones
habrá atracado en el muelle.

2.
Ellos me dicen: <<¡Vete a fregar!>>
Y me dan la propina y la tomo.
Las camas les haré, qué remedio.
(Pero esa noche no dormirán.)
Pues por la tarde oirán en el puerto
un estruendo y dirán <<¿Qué estruendo es ése?>>
Me verán asomarme a la ventana
y dirán <<¡Qué sonrisa tan rara!>>

Y el barco con ocho velas
y con cincuenta cañones
bombardeará la ciudad.

3.
Señores: se acabó ya la risa.
Porque todos los muros caerán,
será arrasada vuestra ciudad,
menos un pobre hotel andrajoso.
Preguntarán: <<¿Quién vive en ese hotel?>>
y dirán: <<¡Era ella quien vivía!>>

Y el barco con ocho velas
y con cincuenta cañones
empavesará sus mástiles.

4.
Y a mediodía desembarcarán
cien hombres. Y vendrán, ocultándose,
de puerta a puerta, agarrando a todos.
Ante mí los traerán con cadenas,
y me preguntarán: <<¿A quién matamos?>>
Y habrá un silencio grande en el puerto
al preguntarme quién debe morir.
Se oirá entonces mi voz diciendo: <<¡Todos!>>
y <<¡Hurra!>>, a cada cabeza que caiga.

Y el barco con ocho velas
y con cincuenta cañones
conmigo zarpará."

(1929, de La ópera de cuatro cuartos)

Bertolt Brecht


¡Oh! Cuánto me gustan las historias de rebeldes piratas. Y si éstas son mujeres, y además vengadoras, tanto mejor.